Una fotografía en particular quedó grabada en la memoria de Salvador Núñez. Una escena aparentemente simple: varias generaciones de una familia reunidas en un patio, en algún lugar del valle de Aconcagua. Pero en esa sola imagen, cuenta, estaban contenidos los vínculos afectivos, la arquitectura doméstica, las formas de vestir y una idea de continuidad familiar que hoy muchas veces se ha transformado. "Eso suele ocurrir en los archivos comunitarios", explica. "Una fotografía aparentemente simple termina teniendo un enorme valor histórico y emocional."

Detrás de cada archivo fotográfico comunitario hay alguien que toca puertas, escucha historias y convence a familias de abrir cajas guardadas durante décadas. En el archivo de Calle Larga —y en tantos otros procesos de rescate patrimonial en Chile— esa persona ha sido Salvador: archivista, gestor cultural y uno de los colaboradores con los que Chile de Ayer ha ido construyendo una red de trabajo en torno a la memoria visual del país.

Su recorrido no es el más obvio. Antes de dedicarse a los archivos, Salvador fue ingeniero de sonido FOH en Seidú. Durante años estuvo detrás de consolas, viviendo el ritmo de giras y montajes. Hoy lo dedica a ordenar álbumes familiares, digitalizar fotografías centenarias y facilitar que una comuna se reconozca en sus propias imágenes. Más que un giro brusco, lo describe como un proceso natural: siempre existió una conexión entre el mundo del sonido y el de la cultura, las artes y el patrimonio.

Niños Familia Muñoz Salinas, Calle Larga, 1972

Niños Familia Muñoz Salinas, Calle Larga, 1972. Ver foto completa →

Del sonido al archivo

Desde sus años de formación le interesaban los cruces entre técnica, sensibilidad y memoria. Mientras estudiaba, participó en la fundación del Grupo de Acción Ecológica y Conservación Añañuca, en San Vicente de Tagua Tagua, donde desarrollaron iniciativas para poner en valor el patrimonio natural y cultural de la comuna. Con el tiempo fue involucrándose cada vez más en proyectos culturales con base territorial y comunitaria. Hacia 2016 comenzó a trabajar en procesos de recopilación fotográfica y desde ahí el camino se consolidó.

La fotografía también era un interés personal. Desde sus estudios en artes mediales en la Universidad de Chile, y luego mediante cursos de especialización, fue complementando una formación que unía lo técnico con lo patrimonial. "No siento que abandoné un mundo para entrar a otro", explica. "Fui integrando experiencias hasta encontrar un lugar donde dialogan la memoria, la imagen, el territorio y el trabajo con las personas."

Después de varios años en terreno decidió cursar el Diplomado en Archivística de la Universidad de Chile, en 2023. Llegó con metodologías desarrolladas desde la práctica, criterios propios, experiencias concretas con comunidades. Quería ordenar ese saber adquirido: fortalecer bases conceptuales, conocer los principios archivísticos clásicos, los estándares de descripción y las discusiones contemporáneas sobre acceso y preservación. "Lo más valioso", dice, "fue que no significó reemplazar lo aprendido en terreno, sino darle estructura, lenguaje técnico y mayor proyección."

Memoria Fotográfica de Chile

Durante cerca de diez años Salvador participó del programa "Memoria Fotográfica de Chile – Archivo Ilonka Csillag" en Fundación ProCultura. Ilonka Csillag fue una destacada fotógrafa y gestora cultural cuya obra estuvo profundamente vinculada al valor social de la imagen como testimonio histórico. Su trabajo tuvo una dimensión artística y también documental: entendía la fotografía como herramienta para preservar memorias, identidades y procesos colectivos.

El programa recogía precisamente ese espíritu. La idea central es que en los álbumes familiares, en las fotografías guardadas en cajones, en las imágenes de clubes deportivos, escuelas, sindicatos o fiestas populares, existe una parte fundamental de la historia del país que muchas veces no está en los archivos oficiales. Desde ahí, Salvador recorrió comunas como Renca, Calle Larga, Rinconada de Los Andes, Llay Llay, Caldera, Lo Barnechea, Caleta Tortel y Primavera, levantando archivos comunitarios junto a vecinos, municipios y organizaciones locales.

Habitantes de Calle Larga, 1925

Habitantes de Calle Larga, 1925. Retratos como este, guardados en álbumes familiares durante casi un siglo, son el tipo de material que levantan los archivos comunitarios. Ver foto completa →

La metodología que fue afinando tiene tres capas. Una base archivística rigurosa: identificar colecciones, respetar procedencias, organizar fondos documentales, digitalizar con estándares adecuados y describir cada imagen con precisión. Una apuesta por la participación comunitaria: las comunidades no solo entregan fotografías, también reconocen rostros, lugares, fechas, oficios, costumbres y relatos. Y un principio que orienta todo el trabajo: "Reconocer el valor histórico de las personas comunes. Muchas veces la historia oficial pone el foco en grandes personajes o hechos institucionales, pero en los álbumes familiares también está contenida la verdadera historia cotidiana de una comuna."

Cómo se entra a un territorio

Cuando Salvador llega a una comuna, el primer paso no es técnico. "Es humano", dice. Comprender el territorio antes de intervenir en él. Cada comuna tiene su propia historia, sus dinámicas sociales y distintas sensibilidades respecto de la memoria. Antes de pensar en una convocatoria pública, lo importante es escuchar y reconocer cómo funciona esa comunidad.

En Calle Larga, por ejemplo, el trabajo partió articulando con actores locales clave: municipio, organizaciones culturales, juntas de vecinos, clubes deportivos, centros de adultos mayores, escuelas y personas reconocidas por su conocimiento histórico. Son ellos quienes ayudan a generar confianza y a difundir que el proyecto tiene una intención seria y respetuosa.

Una familia selecciona fotografías sobre una mesa de madera al aire libre. Un hombre con gorro, una niña y una mujer revisan decenas de fotos repartidas entre ellos.

Una familia de Calle Larga selecciona fotografías para el archivo. La participación comunitaria es el corazón del método: no son solo las imágenes las que se rescatan, sino los relatos que las acompañan.

La segunda etapa —convencer a una familia de prestar un álbum guardado por seis décadas— también es más de vínculo que de técnica. "No se trata de convencer, sino de generar confianza", explica Salvador. Cuando una familia cuida un álbum durante tanto tiempo, no está resguardando solo fotografías: está cuidando recuerdos, afectos e historias familiares. La garantía principal es la transparencia: explicar quiénes son, cuál es el objetivo del proyecto, cómo será la digitalización, cuánto tiempo tendrán el material y en qué condiciones se manipula. La propiedad de los originales siempre sigue siendo de la familia. Con el tiempo, muchas personas comprenden que esas fotografías no solo tienen valor privado, también tienen valor colectivo.

Un trabajo casi detectivesco

Muchas imágenes llegan sin fecha, sin nombres, sin lugar. Ahí empieza un trabajo casi detectivesco que combina observación técnica, memoria comunitaria e investigación histórica. La vestimenta, peinados, vehículos, arquitectura, mobiliario, herramientas de trabajo, tipos de papel fotográfico o estilos de estudio entregan pistas temporales bastante precisas. A veces un detalle pequeño —un cartel al fondo, una patente, una insignia escolar— permite avanzar muchísimo.

Después viene el trabajo con la comunidad. Mostrar la fotografía a familiares, vecinos mayores o personas conocedoras del territorio suele ser decisivo. Alguien reconoce un rostro, una calle, una fiesta religiosa o una antigua casa ya desaparecida.

"Una fotografía sin información nunca está completamente muda. Solo requiere más tiempo, más observación y más conversación para volver a hablar."

Blanca Elena Clavijo Maturana y su amiga, 1915

Blanca Elena Clavijo Maturana y su amiga, 1915. Los detalles del vestuario, el peinado y el estilo de estudio permiten aproximar la fecha y el contexto cuando una fotografía llega sin información escrita. Ver foto completa →

El principio de procedencia es otro eje importante. Respetar el orden original permite conservar el contexto en que una colección fue creada. En fotografía, eso es especialmente relevante: no es lo mismo una imagen suelta que una fotografía comprendida dentro de un álbum familiar. Por eso la primera tarea siempre es identificar quién reunió esas fotografías, cómo fueron conservadas y qué vínculos existen entre unas y otras. La organización temática —educación, trabajo agrícola, fiestas religiosas, deportes, vida cotidiana— se agrega después como una segunda capa que facilita el acceso, sin reemplazar la procedencia original.

El equipo, los estándares y las épocas

En terreno, el equipo depende del material. Para fotografías sueltas y documentos planos, escáner plano de buena calidad. Para álbumes delicados o formatos que no conviene presionar contra un vidrio, cámara en sistema cenital con iluminación controlada y soporte estable. Resoluciones altas, pensando en usos futuros: impresión, investigación, difusión. "Más allá del equipo, lo esencial sigue siendo el criterio técnico y el cuidado patrimonial con que se manipula cada pieza", resume.

Setup de digitalización archivística: un escáner plano Epson Perfection V600, una cámara réflex, un laptop con software de captura y, en primer plano, una carpeta con documentos antiguos amarillentos. Al fondo, paneles de exposición sobre Gabriela Mistral.

El equipo desplegado en un museo local: escáner plano para fotografías sueltas y cámara réflex en sistema cenital para álbumes y materiales frágiles. El criterio técnico se adapta a lo que cada colección necesita.

En catalogación, trabaja con estándares internacionales como ISAD(G) para descripciones jerárquicas y Dublin Core para plataformas digitales, complementados con fichas propias que recogen información que las normas tradicionales no capturan: nombres locales de lugares, parentescos, relatos orales, usos sociales de la fotografía, festividades, oficios o cambios históricos del paisaje.

La conservación cambia según la época. En materiales antiguos abundan los quiebres, manchas, pérdidas de emulsión, hongos o humedad. En fotografías de mediados del siglo XX aparecen pegamentos ácidos, cintas adhesivas, dobleces, rayaduras. En el color de los setenta y ochenta el problema dominante es la inestabilidad cromática: dominantes, desvanecimiento, pérdida de contraste. Cada colección requiere diagnóstico propio. No basta saber el año; hay que entender soporte, estado físico y condiciones de guarda. "Cada imagen tiene su propia biografía material."

Archivo comunitario, archivo institucional

Salvador también entregó el Archivo Fotográfico por la Danza Chile a la Biblioteca Nacional Digital. Eso le da una perspectiva clara sobre la diferencia entre lo comunitario y lo institucional. Un archivo comunitario local nace desde la cercanía con las personas y tiene un fuerte vínculo territorial: la comunidad se reconoce directamente en esas imágenes porque hablan de su historia cotidiana. Una institución nacional, en cambio, opera bajo otra lógica: resguardo de largo plazo, normalización técnica, acceso ampliado, infraestructura especializada.

No los ve como opuestos, sino como complementarios. "El archivo comunitario suele ser el lugar donde nace la confianza, se activa la memoria y se construye sentido con las personas. La institución nacional puede asegurar continuidad, preservación profesional y acceso futuro." Sobre si los archivos comunitarios deberían centralizarse o quedarse en la comuna, su postura es matizada. No deberían desvincularse de su territorio de origen, pero a veces un modelo mixto —originales o copias de preservación bien resguardados, acceso y mediación presentes en la comuna— es la mejor solución.

Chile de Ayer y la pregunta abierta

La colaboración con Chile de Ayer surgió desde una afinidad natural con su propósito: rescatar, difundir y poner en circulación memorias visuales de Chile que muchas veces permanecen dispersas o guardadas en espacios privados. Lo que más valora Salvador de la plataforma, dice, "es su capacidad de conectar a las personas con imágenes que generan identificación inmediata". Alguien ve una fotografía antigua de su barrio, de una plaza, de una escuela, de una costumbre desaparecida, y eso activa recuerdos, conversaciones familiares y nuevas preguntas sobre el pasado.

Pero también ve tensiones. Abrir un archivo amplía el acceso, y eso es profundamente positivo, pero expone complejidades nuevas. La tensión entre democratización y contexto: una imagen pública circula mucho más, y también puede desprenderse de su historia original y ser interpretada sin la información adecuada. La autoría y los derechos culturales: muchas veces no hablamos solo de propiedad legal, sino de memorias compartidas por familias que confiaron su material para fines patrimoniales. Los comentarios públicos pueden enriquecer un archivo aportando nombres, fechas o lugares, pero también pueden generar errores. "Abrir archivos vale profundamente la pena, pero hacerlo bien exige cuidado. El acceso público no debe significar pérdida de memoria, sino expansión de ella."

El futuro y el baúl de los abuelos

A Salvador le interesa seguir profundizando una línea donde la archivística dialogue directamente con los territorios, las comunidades y las nuevas formas de acceso digital. Hoy no basta con conservar; también hay que comunicar, educar y generar experiencias significativas en torno a la memoria. "Cada archivo nuevo no solo rescata imágenes del pasado: también abre preguntas sobre quiénes somos hoy y cómo queremos recordar mañana."

A quien tiene un baúl de fotos de sus abuelos y no sabe qué hacer, Salvador tiene un mensaje claro. Probablemente tiene mucho más que un conjunto de fotos antiguas: tiene fragmentos de historia familiar, memoria afectiva, documentos valiosos sobre una época, un barrio, una forma de vida y personas que ayudaron a construir el presente. No conviene esperar demasiado. Las fotografías envejecen, se humedecen, se pegan entre sí, se extravían. Vale la pena abrir ese baúl con calma, ordenar, identificar y conversar con las personas mayores de la familia mientras todavía pueden reconocer rostros, lugares y relatos.

"Ese baúl no es pasado muerto. Es memoria esperando ser activada."

Una mujer mayor junto a un hombre con mascarilla y chaqueta oscura revisan un álbum abierto en un jardín con enredaderas. Sobre una mesa hay un escáner y un laptop encendido con el software de digitalización.

Revisando álbumes en el patio de una familia de Calle Larga. La digitalización ocurre donde las fotografías están, no al revés.

Si tú también tienes fotografías antiguas que el tiempo ha deteriorado —rayadas, descoloridas, con manchas o dobleces— puedes restaurarlas en Chile de Ayer para que vuelvan a verse como cuando fueron tomadas, y sumarlas a la memoria visual del país.


Este texto fue elaborado a partir de una conversación con Salvador Núñez, archivista, gestor e investigador del patrimonio cultural. Diplomado en Archivística de la Universidad de Chile (2023), cerca de diez años en el programa "Memoria Fotográfica de Chile – Archivo Ilonka Csillag" de Fundación ProCultura, y colaborador de archivos comunitarios en Renca, Calle Larga, Rinconada de Los Andes, Llay Llay, Caldera, Lo Barnechea, Caleta Tortel, Primavera y Quinchao, entre otros.